Callar siempre fue mejor que hablar. Esperar siempre me dió razones para amar, aunque el tiempo se consumió y hoy deba dejarte atrás. Fuiste mi alma perdida, la manzana prohibida, unos días de calor. Pero hoy no sos más que una herida, hipocresía de lo que alguna vez llegue a adorar y un rompecabezas de excelente calidad. Son momentos de la vida, que nos suelen atormentar. No queda otra nene, o reís o lloras. Siempre elegí sufrir porque tuve la opción, lloré cuando llorabas, te acompañe mientras soñabas, y como era de saber desangraste mi órgano vital. Pero esta vez no bajo la guardia, no me sirve penar, yo me abstengo de este vino, de cuerpo perfecto, envase agradable y muy mal sabor. Solo por cortesía no dí vuelta atrás. Recién ahora lo conocí realmente y ahora al fin puedo entender el por qué de esta lividez, un dolor punzante, esta distancia tajante y cuan perfecto lo creí. Porque de ser perfecto existiría final feliz, cosa que nunca es así. Es una conjunción de sentimientos; mi devoción a su talento. Su magia me acorrala en ese instante de brutal intimidad y entra en mis venas como un virus soberbio. Es que en realidad el problema no es otro por desdicha o fortuna que me encanta, me debilita, me desvive su matanza suave y profunda simple y absurda. ¿Cómo puede alguien quitarme el aire y dejarme respirar? ¿Cómo puede matarte con una verdad y darme vida con solo actuar?. Ahora entiendo que no ve lo que hace, no piensa lo que siento, no sabe lo que es. Y hablando de ser, lo defino como espejo simple sin reflejo, en mi vida objeto opaco, fuente de deseo, y una pistola apuntándome al pecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario