jueves, 10 de febrero de 2011


     Ella buscaba en su armario 
porque había perdido la razón. 
         Yo exprimía diccionarios
para poder hacer una canción.
      No me acuerdo muy bien
cuántos besos dejamos 
       en cada esquina.
      Pero imposible olvidarme
        de aquél cuarto 
donde aquella noche 
             subió la adrenalina.


Y se juntaron Rosario y la Capital,
     se juntaron el bien y el mal,
se juntaron dos almas en una sola
     se juntaron Sabina y Piazzolla.


Se juntó una religión que era puro corazón con otra que nunca existió, se juntaron dos camas y no alcanzaban para tanto fuego, tanta acción, tanto descontrol. Elegimos el colchón más chico y pareció de dos plazas, cuando el colchón terminó bienvenido fue el piso del comedor de su casa. A cada beso caía una estrellacada arañazo calmaba el dolor, cuando me acuerdo de ella levanto mi vaso y brindo adonde quiera que estés por nuestra canción. 

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